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P  Violencia y adolescencia desde una perspectiva psicológica

 

   Desde el punto de vista psicológico, concebimos a la violencia como fundante, como punto de inicio necesario para la construcción del pacto social.

   En este sentido creemos necesario pensar la agresión inherente al ser humano y no tanto como algo externo a él.
S. Freud nos habla Eros y tánatos, la primera está al servicio de la satisfacción de los impulsos sexuales y amorosos el segundo tiene que ver con la destructividad, la autoagresión, pulsión de muerte. Ambas coexisten en el ser humano con mayor o menor intensidad.
   Existen en el ser humano mecanismos adaptativos para enfrentar la realidad, y una expresión moderada de agresión es necesaria en ocasiones para bajar el umbral de tensión, en algunas situaciones en la que el individuo pueda sentirse amenazado, los recursos con los que cuente para defenderse serán fundamentales para su sentido de identidad y seguridad.

“Consideramos a la agresividad como una forma de respuesta del Yo ante cualquier amenaza. En este sentido tendría carácter de mecanismo de autopreservación. Junto a los impulsos amorosos sirve de motor del desarrollo y de base para la sublimación. Si bien no siempre toma la forma de una exteriorización agresiva, dado que puede quedar restringida al ámbito de la fantasía y los deseos, entendemos como saludable la expresión de cierta cuota de agresividad acorde con cada uno de los niveles evolutivos. Permite hacer frente a las contrariedades, competir sanamente, manejarse en el mundo externo y afirmar la propia identidad. 1

   Resulta interesante que las autoras coinciden respecto del concepto de violencia como diferente al de agresión:

“…el hecho violento tiene un efecto traumático desorganizante para el aparato psíquico en tanto configura un ataque al pensamiento que penetra como una representación de cosa y rompe con las ligaduras ya existentes. Resiste a la posibilidad de ser simbolizado.” 2

   En el vínculo interpersonal (victima – victimario) existiría un juego de poder que le sirve al victimario para justificar su agresión mediante por ejemplo  transmitirle un mensaje contradictorio explícito o implícito que confunde a la víctima (en el caso del violador: “ella me provocó”, durante la época de la dictadura “Por algo será), y la despoja de su capacidad para afirmarse como objeto de agresiones que le permitiría disentir. A la vez desconecta al victimario  del sufrimiento conferido a la víctima.

   El aparato psíquico queda superado, incapaz de conectar significados, sentidos, afectos y acto violento, todo quedaría comprimido sin posibilidad de discernimiento y por lo tanto de posibilidad de simbolización, desembocando en una manifestación conductual violenta, se repite en acto.
   Un punto importante a tener en cuenta es no desestimar la adolescencia como un momento del ciclo evolutivo particular en la vida de un ser humano.
   El desarrollo psicoevolutivo del ser humano atraviesa dos momentos cruciales que se acompañan de procesos de cambios permanentes y conflictivos. El primero referido a la infancia y el segundo momento expresado en el devenir adolescente. Durante esta etapa de producen nuevas reestructuraciones psíquicas que no pueden pasar desapercibidas ya que no solo afectan al propio adolescente sino a los padres, a su entorno que deben acomodarse a los cambios que emergen en sus hijos. 
   Se generan diferentes duelos, uno por la pérdida del cuerpo infantil, el cuerpo se modifica en poco tiempo y los cambios psíquicos y corporales se anudan a la dificultad de metabolizarlos, la fuerza pulsional muestra el carácter eruptivo desde vivencias de vacío, confusión, desilusión hasta llegar en algunos casos al acto.
   Se pierde a los padres de la infancia, que entonces estaban idealizados, ahora experimentan diversas formas de despegue en busca de autonomía, se comienza a conformar el ideal del yo, como aquel que encarna los deseos y anhelos propios. Estas pérdidas provocan la búsqueda de territorios propios ajenos al adulto y por lo tanto se pueden llegar a incrementar sentimientos de ambivalencia por el dolor de perderlos y por el miedo a nuevas vivencias exogámicas.
   Tanto en la adolescencia como en la infancia es fundamental que aparezca un otro significativo capaz de otorgar significación a estos procesos de cambios diferente al propio caos, capaz de simbolizar el desconcierto, la apatía y el aislamiento cada vez más presente en adolescentes que prefieren una forma de interacción virtual a partir del cual eligen saber y seleccionar lo que quieren escuchar. Donde la tecnología de moda viene a ofrecer una buena mano para consolar las múltiples desavenencias, (celulares, mp3 etc.).
   El ser humano, como sujeto social, desde que nace depende de la presencia de otro con el que se vincula, que influye en su historia tanto personal como afectiva y de relaciones futuras. Donald Winnicott al desarrollar el vínculo que el bebé establece con su madre dice:

“El niño cuando se encuentra ante el pecho materno, siendo sostenido por su madre en el acto alimenticio es probable que no lo mire mientras lo succiona y se alimenta, sino que el niño dirija su mirada hacia el rostro materno. Este recién nacido lo que ve al mirar el rostro materno es asimismo. Es decir, la madre es su espejo. La madre refleja lo que él es y le devuelve lo que él da. El niño no la reconoce aún como otro, sino formando un todo con él. El rostro materno impone su marca en la constitución subjetiva. Este proceso permitirá el niño sentirse real e incluso es mucho más que existir en tanto que representa una forma de existir como uno mismo y en consecuencia poder relacionarse con otros como tal. Un rostro inmóvil como el que podría presentar una madre depresiva, reconcentrada en su propia tristeza, sería para el infante perturbador y lo llevará a instaurar tempranamente una serie de procesos defensivos que pueden dar origen a severas patologías”. 3

   Si hoy en día está tan presente la violencia en nuestros adolescentes,  acting aut , que imposibilita y reduce otras alternativas más saludables de resolución de problemas, es en gran parte porque las redes de apoyo no están funcionando como diría Donald Winnicott como espejo, capaz de ofrecer una imagen que calme la experiencia de desintegración, que otorgue tranquilidad y comprensión, sino que los adultos somos responsable del incremento de conductas violentas en el momento en que  respondemos con la misma confusión, agresividad, que reclamamos de los adolescentes y niños.  Quedamos muy preocupados por nosotros mismos y brindamos poco tiempo a reflexionar sobre nuestras propias conductas que muchas veces favorecen y acrecientan la violencia de la que nos quejamos

 

Marta Nudelman, Martha S. Varela. Violencia. Sus efectos sobre el desarrollo del aparato psíquico. Marta Nudelman, Martha S. Varela. Violencia. Sus efectos sobre el desarrollo del aparato psíquico  www.psicofisiologia.com.ar El desarrollo emocional primitivo. Pág2.