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PRViolencia y neoliberalismo

 

“…detrás del neoliberalismo se oculta una filosofía de la competencia según la cual los más competentes son los que gobiernan y los que tienen trabajo, lo que implica que quienes no lo tienen no son competentes.” 1

   La cita de Bourdieu nos introduce a la competencia, como requisito indispensable para lograr estar a la altura, contar con las aptitudes que nos exige el sistema neoliberal para alcanzar el éxito individual.
Me parece importante entender desde el punto de vista socioeconómico el concepto de competencia.
   El mercado nos ofrece una gama de productos materiales que nos permite comparar y creernos dueño de una identidad que nos diferencia de los demás. Que nos ayuda a encontrar una identidad a partir del tener, y no tanto del de ser. Sin embargo, este ejercicio es practicado por una notable minoría mientras que el resto debe conformarse con el castigo de quedar por fuera de estos patrones de éxito y bienestar personal. El temor que se engendra si no se es capaz de encajar a través del consumo en esta sociedad de mercado, es la exclusión, la marginalización y convertirse en un resto que puede servir de excusa para ser nombrado como basura, por no responder, por no esforzarse a los cánones mercantilistas. El fracaso entendido así es puramente individual. Ya que si uno no es capaz es porque no ha hecho el esfuerzo necesario para alcanzar el éxito.

   No se puede dudar de la promoción de los medios de comunicación, que imponen y determinan las “modas” que representan una salida ideal de una realidad caracterizada por el primado de la competencia destructiva, en la cual las condiciones para participar en este “juego” son arbitrarias y en donde cada uno puede hacer uso de las formas más diversas y bizarras para alcanzar el éxito. El culto por la belleza simbolizada por una eterna juventud con cuerpos escuálidos, la seguridad conferida por el poder económico que determina la identidad de los ganadores, etc. ¿el premio? pertenecer, responder y satisfacer estos parámetros mercantilistas. Los perdedores deberán cargar con la amenaza de quedar por fuera de este nuevo mundo, y de servir de aliento para la preparación de los próximos ganadores, claro está que las exigencias de esta competencia se van incrementando y se vuelven más duras y sádicas. Como lo plantea claramente el texto de Galeano en “la escuela del mundo al revés”, mientras la riqueza queda en manos de unos pocos, las grandes mayorías pobres, marginales, excluidas se vuelven esclavos de grandes multinacionales que no arrojan más que migajas con las cuales sorprendentemente la gran mayoría de los perdedores se contentan y alientan victoriosos.

   De manera similar como ocurre en las empresas, estas circunstancias se repiten en la escuela. El sistema neoliberalista disfraza con promesas falaces el aumento vertiginoso de los problemas sociales más acuciantes. No pretende al igual que en las grandes empresas alentar a la capacidad humana de interacción con otros con vista de cambios porque pondrían en riesgo las “condiciones de la competencia”, anulan las fuerzas participativas y solidarias, fomentan la preocupación permanente del estar por encima del otro, y se recrean entre los iguales, pobres, la agresión mutua.

   “Pobreza de protección” sufrida por los ciudadanos frente a la violencia internalizada en las relaciones sociales cotidianas –el matonismo, la amenaza, el miedo a la participación o la pérdida de empleo, el terrorismo institucional internalizado- son manifestaciones de violencia en un contexto donde impera el individualismo y la ruptura de las organizaciones populares y sociales de acción colectiva. 2

   Estos modelos individualistas también se encuentran reflejados en una escuela desigual, ya que existen escuelas de primera línea y escuelas de cuarta estas últimas en muchos casos no funcionan como dispositivos de transmisión de saber sino como una ilusión engañosa que no hace más que albergar a una población que aumenta gradualmente y que queda escindida de una sociedad diseñada para unos pocos.
   

   Estos nuevos patrones de “convivencia” en algún punto parecerían reproducirse en el acto agresivo, donde se evidencia la necesidad de mostrarse como alguien capaz de “defenderse” respondiendo con agresividad, lo cual acentúa esta idea de individualidad desatendiendo otras cuestiones que  podrían influir en el desencadenamiento del acto agresivo.
    A partir de estas ideas que diariamente transmiten los alumnos, de la preocupación de los docentes, padres y del estado por este nuevo flagelo, podría uno preguntarse ¿Qué hay que hacer ante estos actos que en algunos provoca rechazo y en otros parecería satisfacción y bienestar? Podría uno afirmar que difícilmente la violencia esté impregnada de connotaciones positivas sino que es algo que probablemente hay que erradicar, extirpar como el tumor lo es del cuerpo para que este siga funcionando adecuadamente.
Finalmente si aceptamos que la violencia, es una impulsión  que no encuentra otra vía de expresión. Desde la escuela habrá que prestar atención, escuchar lo que los alumnos nos quieren decir,  decidir y responsabilizarnos por lo que deseamos, si queremos seguir siendo profesionales de la educación y la gran labor que ello implica, implicándonos nosotros mismos y en la medida en que nos comprometamos con ellos responsabilizarlos también por su decir, por lo que enuncian, solo así podemos empezar a construir la idea de una ley compartida que podamos ejercer.

Bourdieu P. (1999): Contrafuegos. Reflexiones para servir a la resistencia contra la invasión neoliberal. Pág,91. Cristina Rafaela Ricci, “Cómo atender a la diversidad socio-cultural en contextos educativos de riesgo.”