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PRLa adolescente en crisis y las conductas de riesgo

 

   
La adolescencia puede pensarse como una etapa de normal “anormalidad”, a propósito de las alteraciones que el joven atraviesa, tanto en referencia a los aspectos biológicos como a los propios de su mundo interno. Por lo general, los duelos del adolescente puede expresarse de distintas manera, a veces estas pérdidas  y desafíos que se interponen pueden resultar muy dolorosos, otras veces, el adolescente logra encontrar vías de sublimación pulsional que les permitirá explorar experiencias de satisfacción y maduración emocional. 
En este caso, voy a referirme a la peculiaridad de las jóvenes adolescentes en crisis  que dista de las esperadas conductas impulsivas, irrefrenables a veces, respuestas efervescentes que caracterizan a la adolescencia en sí. 
Resulta motivo de preocupación la emergencia de serias conductas de riesgo a edades muy tempranas, a partir de los 12 años hasta los 18, podemos encontrarnos con jóvenes que escapan de sus hogares, que se exponen a los peligros que pueden llegar a encontrar en la vía pública, iniciación sexual precoz, abusos, embarazos, trasmisión de enfermedades, intentos de suicidio, son lamentablemente situaciones cada vez más frecuentes, y es frente a estos acting o verdaderos pasajes al acto, ante tensiones que no encuentran medios de significación, que se establece el primer contacto con la angustia de la adolescente. Angustia, por cierto, que muchas veces no es conocida por la persona afectada. Por eso, es importante no confundir el silencio con dificultad o negativa frente a los intentos de comunicación que el adulto quiere establecer. 
En las entrevista con los padres, estos suelen quedar desconcertados  y preocupados ante la puesta en acto de lo que entienden son comportamientos inusuales, peligrosos, e inexplicables, decisiones que irrumpen de manera sorpresiva en jóvenes que suelen ser caracterizadas como tranquilas, buenas alumnas, no conflictivas. 
La adolescente puede llegar a tener una actitud ambigua sobre el mismo problema, reaccionar con enojo o el más tácito hermetismo, temerosa y dubitativa cuando se la confronta con su mundo interno. En contraposición al caso de los varones, quienes por lo general pueden llegar a manifestar conductas violentas y desafiantes dirigidas hacia los otros, en el caso de las jóvenes, es más frecuente encontrarse con conductas autodestructivas, cargada de culpa y temor, no desean volver a “defraudar a sus padres”, el malestar inconciente, se expresa en la ansiedad depresiva, que acentúa el desprecio y la pena hacia sí misma, ante los objetos internos amenazantes y persecutorios. 
A continuación resumiré el caso de una joven que es una muy buena alumna de la institución educativa a la que asiste y que no representa motivo de preocupación en el ámbito escolar. Sus padres se presentan, debido a que su hija de 15 años no había regresado a su casa luego de la salida de la escuela, después de intentos fallidos en su búsqueda recurren a la misma con la intención de obtener datos de su paradero. Antes la joven no había incurrido en conductas transgresoras o que llamara la atención de sus padres. Luego de  una larga charla, en la que negaban incidentes o problemas con la joven, reconocen que había existido una discusión una semana antes debido a una relación que mantenía con un joven y que su familia no aceptaba.  Los padres finalmente lograron localizarla en el barrio donde vivía el muchacho y la llevaron de regreso a la vivienda familiar. Al día siguiente la joven asiste a la escuela, como si nada hubiera ocurrido,  indicando que su familia no la cuestionó ni le hicieron preguntas en alusión a lo ocurrido, solamente le habrían pedido que continuara con sus estudios. Ante la falta cometida, la joven complació a sus padres, concurriendo religiosamente a la escuela. 
La posibilidad de que se repitan o no nuevos episodios, dependerá no solamente de la voluntad y la fortaleza de la joven sino del acompañamiento de la familia. Como es de esperar, detrás de una decisión como fue la de escapar de su casa, en un supuesto ambiente familiar equilibrado, provocan dudas, además del silencio y una franca inhibición que constituyeron indicadores que no pudieron pasar desapercibidos. Finalmente con el correr del tiempo la joven denunció situaciones de maltrato y abuso sexual endogámico.